Es una obra póstuma e irrefutable. Pertenece a Gustave Flaubert y fue publicada en 1913. Se trata del 'Diccionario de ideas recibidas', también llamado 'Diccionario de lugares comunes'. No es un diccionario en el sentido habitual ni un tratado sistemático, sino una recopilación satírica de frases hechas, prejuicios y opiniones automáticas que circulaban en la sociedad francesa del siglo XIX. Flaubert reunió esas fórmulas tal como se pronunciaban en la conversación burguesa, sin añadir comentarios ni refutaciones. Su procedimiento consistía en dejar que la estupidez se revelara por sí sola. Las llamadas «ideas recibidas» son, según Flaubert, pensamientos heredados que se repiten sin examen crítico. Funcionan como mecanismos sociales: permiten opinar, aparentar cultura o adoptar una postura moral sin arriesgar una idea propia. Flaubert las ordenó alfabéticamente y las presentó cual sucesión de máximas. El resultado es irónico y demoledor, porque al aislar esas fórmulas queda al descubierto su carácter mecánico.Entre los ejemplos más conocidos –parafraseados– pueden encontrarse entradas como «Academia: desacreditarla en público, pero intentar ingresar en ella»; «Crítica: siempre incompetente»; «Alcohol: causa de todas las enfermedades modernas»; «Literatura: ocupación para quienes no sirven para nada práctico»; «Provincia: sinónimo de atraso»; «Progreso: inevitable y necesariamente beneficioso».El libro estaba concebido como complemento de la novela inacabada 'Bouvard y Pécuchet', donde dos copistas intentan apropiarse de todo el saber humano y solo consiguen reproducirlo de forma superficial. El 'Diccionario de ideas recibidas' debía funcionar pues como culminación de ese proyecto: un inventario final de la banalidad universal fijada en el lenguaje. Flaubert aspiraba escribir una obra que demostrara que gran parte del pensamiento social no es pensamiento, sino repetición. Pese a su brevedad y carácter fragmentario, el 'Diccionario de ideas recibidas' condensa una visión severa de la sociedad: la idea de que el lenguaje puede convertirse en un depósito de fórmulas vacías y que la cultura, lejos de inmunizar contra la estupidez, a menudo la organiza y la perpetúa. Una fenomenología del topicazo, un manual de estilo para cuñados y otras criaturas hablantes, una renovación entusiasta de la insignificancia.Si Flaubert se asomara a este 2026, pondría al día algunas definiciones. Por ejemplo, y aprovechando el clima electoral, reformularía la palabra Pacto –líneas rojas que adquieren una curiosa tonalidad la noche del recuento–; también, corrupción –causa de todos los males cuando la practica el adversario; persecución judicial cuando ocurre en las propias filas–; red ferroviaria –la distancia imposible entre dos o más puntos con catenaria– y así una exploración detallada de palabras que se transforman o se vacían de sentido saqueadas por las evidencias de deterioro que azotan ya no el lenguaje sino la vida cívica en su conjunto.
2026-02-14 18:09:06